Joaquín Costa: el fabricante de ideas

Fuente: RedAragon.com
22/03/2011

Descripción:

Los hombres del diecinueve creyeron en la fuerza de las ideas. Joaquín Costa y Martínez fue uno de ellos. Figura polifacética (jurista, escritor público, erudito, periodista, pedagogo…), fue un intelectual de su tiempo y un político sin partido que quiso regenerar su país. Fue un gran pensador liberal y republicano, un hombre de acción y de carácter. Nació en la localidad oscense de Monzón el 14 de septiembre de 1846 y falleció en el cercano pueblo de Graus el 8 de abril de 1911.

Con la exposición Joaquín Costa: el fabricante de ideas, el Gobierno de Aragón, con la colaboración de la Universidad de Zaragoza y la Sociedad Estatal de Acción Cultural, completa un importante marco de actividades culturales dedicadas a conmemorar el primer centenario de la muerte del sabio aragonés.

La muestra ofrece una visión contemporánea de su personalidad y de sus actuaciones públicas en el contexto de la España finisecular. El recorrido de la misma se articula alrededor de cuatro grandes espacios:

La educación de la mirada. El sentido del paisaje, presenta los entornos geográficos y territorios político-administrativos que marcaron la educación sentimental de Costa y grabaron su persona con el sello indeleble del ambiente aragonés: desde la naturaleza rural de su nacimiento y primera juventud (Monzón, Graus y Huesca) hasta el aprendizaje ciudadano de Aragón (con Zaragoza como ciudad que asume la representación de la capitalidad regional). Con las imágenes del paisaje urbano de París y Madrid se resalta el valor del espíritu aventurero, “la importancia de otro lugar” y del viaje interior en la formación de un joven campesino-trabajador que quiso estudiar. El apartado termina con un apunte sobre la percepción de África como una constante histórica que marcará las manifestaciones colectivas de los españoles. Y con una referencia a la renovación de la pintura del paisaje como reflejo de las transformaciones del patriotismo y el sentimiento nacional (y/o nacionalista) en la España del Desastre.

El segundo espacio, Profetas del saber, sacerdotes de la ciencia, se centra en diversos aspectos de la peripecia de formación del personaje. Se señalan los primeros pasos educativos de Costa en Huesca y la figura del eclesiástico José Salamero que alentó la decisión de su sobrino de estudiar. Se pasa, después, a los años de aprendizaje en la Universidad Central, caracterizados por su doble titulación en Derecho y Letras y el estímulo para el conocimiento que significó la relación de magisterio establecida con Francisco Giner de los Ríos. También, se recuerdan otros de los maîtres à penser que le sirvieron de modelo a imitar y ejemplo de la voluntad de saber (entre ellos, su paisano Santiago Ramón y Cajal). Al final, aparecen las diversas facetas de la práctica intelectual que dieron a conocer su nombre en los medios culturales del último tercio del XIX, hasta alcanzar la cima del reconocimiento de la cultura oficial restauracionista con su elección como numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

El tercer gran espacio se dedica a la Cultura política: República y regeneración de España. Aquí se esbozan algunos elementos del discurso adquirido e ideológicamente compartido de la cultura política de Joaquín Costa: su visión historicista de los orígenes de la nación española (con el acontecimiento fundacional de la Guerra de la Independencia), su concepción jerarquizada de lo aragonés como parte integrado en lo español o su consideración de la República como el mejor de los sistemas políticos posibles. En Tiempo de caciques la muestra recuerda a los dos grandes artífices de los partidos del «turno» e ilustra el mapa peninsular de los representantes regionales del sistema contra el que dirigió su informe sobre Oligarquía y Caciquismo. Centrado en el ámbito local, Los dueños de Zaragoza, ofrece la opinión crítica de Costa ante las realizaciones y los nuevos gestores ciudadanos del Aragón de principios de siglo: el industrial Paraíso y el eclesiástico Jardiel, impulsores de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Por último, en Hacer política: «realidades» para España se describe su decisión de entrar en el juego de la política de los partidos nacionales y llevar a la práctica sus soluciones regeneracionistas ante el «problema de España». Asociaciones, proyectos terapéuticos, campañas políticas y derrotas electorales que culminaron con su retorno a la tierra altoaragonesa.

El cuarto gran espacio, Muerte y posteridad: memoria e historia de Joaquín Costa, rememora el requiem nacional provocado por su fallecimiento. Las fotografías del duelo de los zaragozanos y su entierro en el cementerio de Torrero, dan paso a la presencia de la herencia familiar, a la elaboración de la sociología de la fama y los procesos de construcción de una imagen legendaria. La exposición se cierra con El triunfo de las ideas. A modo de corolario, se vierten desde el presente una serie de palabras y opiniones dirigidas a rendir tributo de homenaje a la memoria de Costa. Un hombre cuyas ideas transcendieron el tiempo de su existencia y han llegado hasta la actualidad.

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